Resident Evil vuelve al cine y, esta vez, parece que alguien jugó al juego antes de escribir el guion
Zach Cregger dirige una historia original ambientada en Raccoon City, con mutaciones, linterna en mano y la molesta sensación de que las municiones nunca alcanzan.

Hay una verdad universal que cualquier fueguino conoce: abrir un placard y descubrir que falta algo esencial —la leche, las facturas, un cargador— es una forma de horror. La nueva película de Resident Evil parece entender esa frustración porque, otra vez, al héroe le faltan balas. Bienvenidos a la saga que nunca aprendió a hacer un inventario generoso.
La película dirigida por Zach Cregger propone una historia original e independiente que se ancla en Raccoon City, la locación emblema del universo. Allí funciona el laboratorio de Umbrella, la farmacéutica responsable de los experimentos biológicos que, como siempre, se les fueron de las manos. El protagonista, Bryan, recorre calles nevadas, una alcantarilla, una granja y un hospital mientras junta armas, busca cartuchos y esquiva cosas que, técnicamente, no deberían existir.
El recorrido del protagonista
El guion replica la lógica del videojuego con una naturalidad sospechosa. Bryan se topa con accesos bloqueados y cerraduras que no quieren abrirse, esos pequeños castigos que la saga usa para hacerte perder quince minutos de tu vida. La iluminación también cumple su papel: la linterna sirve para orientarse en la nieve y en las cloacas, aunque siempre con la advertencia clásica de que puede delatar tu posición.
- Armas disponibles a lo largo del recorrido: una pistola, una escopeta y un rifle de asalto.
- Situación clave en la granja: hay escopeta, pero faltan los cartuchos para usarla.
- Amenaza en el granero: un perro cuya cabeza se abre y libera tentáculos.
- Amenaza en el hospital: una criatura que ataca con vómito ácido dentro de un ascensor.
- Amenaza en el recorrido: un monstruo formado por restos de cuerpos que crece incorporando fragmentos con sus tentáculos.
El elenco incluye a Paul Walter Hauser y Zach Cherry como dos científicos de Umbrella que, claro, llegan un poco tarde a apagar el incendio que ellos mismos encendieron. Es el reparto clásico del género: el monstruo corporativo y el monstruo literal, conviviendo en el mismo guion.
La conexión con la saga
El vínculo con los videojuegos está a la vista. La franquicia arrancó en 1996 con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión llena de zombis, y en 1998 se expandió a Raccoon City con Claire Redfield y Leon S. Kennedy. Cregger no remakea ninguna de esas líneas: toma el escenario, las criaturas y la mecánica de supervivencia para empujar a un protagonista nuevo por un camino conocido.
¿El resultado? Una película que se siente como jugar: oscuridad, escasez de recursos, enemigos que aparecen cuando menos conviene y ese humor involuntario de abrir un cajón esperando balas y encontrar, otra vez, un frasco de hierbas. Mi recomendación, para el que tenga ganas de revivir esa sensación en pantalla grande, es sentarse con pochoclo y aceptar que la munición nunca alcanza —ni en el juego ni en la vida.
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