Supermercados: las ventas suman más de doce meses en baja y la demanda se concentra en productos básicos
El sector acumula una contracción interanual cercana al 4% en volumen, con agosto como último dato disponible. El consumidor deja de comprar, pero no migra a otros formatos: prioriza alimentos esenciales y reduce los artículos que considera prescindibles, en un escenario que vuelve a golpear con más fuerza a los hogares de menores ingresos.

Las ventas en supermercados acumulan más de un año en terreno negativo. La caída interanual se ubica en torno al 4% en volumen y el último dato disponible, correspondiente a agosto, marcó una contracción del 3,3%, en un proceso que en lo que va de 2025 se traduce en un retroceso acumulado superior al 5%, según describió Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU).
Una retracción que no se traslada a otros canales
A diferencia de lo ocurrido en otras crisis de consumo, en esta oportunidad la demanda no migra hacia formatos alternativos. En la debacle de 2001 y 2002, parte de la clientela se desplazó hacia los autoservicios independientes, que en ese momento ganaron participación. Ahora, en cambio, «el consumidor ya no se va a ningún lado», apuntó Martínez: la contracción alcanza prácticamente a todos los formatos de venta y la pérdida de volumen se distribuye de manera pareja entre las distintas cadenas. La dinámica confirma que la caída responde a una reducción efectiva del gasto más que a un cambio en los hábitos de compra.
El ajuste también dejó huellas en la red comercial: cerraron locales, algunas cadenas discontinuaron formatos de proximidad y otras redujeron su presencia en ciertas regiones. El impacto se concentra especialmente en los segmentos de menores ingresos, donde la merma de las compras repercute de manera directa sobre los volúmenes vendidos por las bocas de expendio. Las zonas más comprometidas incluyen el Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario y Mendoza, mientras que en el otro extremo Añelo, en Neuquén, y algunas localidades del interior agrícola exhiben un desempeño más favorable, asociado a la dinámica de la actividad hidrocarburífera y del complejo agroexportador.
El changuito se «primariza» y los básicos ganan espacio
El cambio más visible se observa en la composición de la compra. Martínez describió el fenómeno como una «primarización de la compra»: los consumidores vuelcan su gasto hacia los productos esenciales y achican la presencia de artículos que consideran prescindibles. En las góndolas de lácteos, por ejemplo, los productos de mayor valor pierden espacio de exhibición porque rotan menos, una dinámica que también presiona a los fabricantes, que necesitan sostener volúmenes mínimos de producción para mantener la escala de sus plantas.
El comercio electrónico no alcanza para compensar
Las ventas por plataformas digitales tampoco logran revertir la tendencia. El comercio electrónico representa menos del 5% del consumo masivo —que incluye alimentos, bebidas, limpieza, perfumería y cuidado personal— y parte de esas operaciones corresponden a compras concretadas por trabajadores de plataformas dentro de los propios locales. Al sumar las ventas digitales y presenciales, el resultado agregado sigue mostrando una contracción interanual cercana al 4% en volumen.
En el frente importador, los productos de origen externo ganan participación en el changuito, en línea con la mayor apertura que registró el subrégimen de importaciones vigente desde febrero, que habilita la compra de bienes finales sin trámite previo para empresas con capacidad económica acreditada. La cobertura avanza sobre rubros donde la oferta local presenta dificultades de precio o de stock, pero todavía no logra revertir la dinámica general de caída del consumo masivo.
Qué falta definir en Buenos Aires
El escenario plantea interrogantes que la industria todavía no logra dilucidar. En primer lugar, la profundidad final del ciclo: los supermercados consultados desconocen si la contracción encontrará un piso en los próximos meses o si continuará erosionando los volúmenes durante el cierre del año. En segundo término, la velocidad de la recuperación, atada a la evolución del poder adquisitivo de los hogares y a la dinámica del empleo formal. Por último, las cadenas esperan definiciones regulatorsias en Buenos Aires respecto de la aplicación del subrégimen de importaciones en el comercio minorista, un factor que —advierten— podría profundizar la competencia sobre los proveedores locales en rubros como alimentos, bebidas y artículos de limpieza, y que ya comienza a reconfigurar las góndolas de los principales supermercados del país.
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