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Tres caminos para aligerar la tortilla de papas sin resignar el sabor de siempre

La fritura profunda define el carácter de la tortilla de papas, pero no es la única forma de conseguir una base dorada y sabrosa. Horno, microondas y vapor permiten reducir el aceite sin alterar el procedimiento final, y cada método deja su huella en la textura.

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Hernán MillaloncoAmbiente y mar · 26 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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La tortilla de papas ocupa un lugar central en la cocina cotidiana: aparece en mesas familiares como almuerzo rápido, como entrada compartida o como plato principal en una cena informal. Su preparación clásica consiste en freír las papas en aceite abundante antes de mezclarlas con huevos batidos, lo que les otorga una textura particular y un sabor inconfundible, aunque también eleva el contenido calórico final del plato.

Una alternativa posible consiste en reemplazar esa fritura profunda por una cocción previa en horno, microondas o vapor, seguida de un salteado breve en aceite de oliva. El objetivo es mantener el resultado gastronómico con menos grasa, trabajando con los mismos ingredientes de siempre: papas, huevos, sal y, de manera opcional, cebolla.

Las tres opciones, paso por paso

  • Horno: las papas se cortan en trozos pequeños, se rocían con un hilo de aceite y se llevan a temperatura media-alta hasta que estén cocidas y apenas doradas. La ventaja es que se consigue un exterior levemente tostado sin inmersión en aceite; la contra es que pueden quedar más secas que con la fritura tradicional, por lo que conviene controlar el tiempo para que no pierdan demasiada humedad.
  • Microondas: ofrece rapidez y es útil cuando el tiempo apremia. Algunos modelos disponen de una función específica para papas o vegetales; en los que no la tienen, basta con programar el tiempo justo para que los trozos queden tiernos. El punto de atención es no pasarse de cocción, porque el exceso reseca la textura y dificulta el paso siguiente.
  • Vapor: la cocción al vapor es la opción que mejor conserva la hidratación natural de la papa. Se realiza en una vaporera tradicional o con un accesorio de acero inoxidable colocado sobre una olla con agua hirviendo. Al terminar, se pueden agregar una o dos cucharadas de aceite de oliva para devolver cremosidad antes del salteado.

Cualquiera sea el método elegido, la etapa siguiente resulta clave para el carácter final del plato: antes de mezclar las papas con los huevos, se las pasa por un salteado breve en aceite de oliva hasta dorarlas apenas. Ese golpe de calor reemplaza, en parte, el sabor que aporta la fritura profunda y permite conseguir una superficie dorada sin necesidad de sumergir las papas en aceite.

A partir de allí, el procedimiento coincide con el de la receta tradicional. Las papas se mezclan con la cebolla salteada, si se optó por incluirla, y se incorporan los huevos de a uno, con sal y pimienta al gusto. La mezcla se vuelca en una sartén antiadherente bien caliente, indispensable para que nada se pegue durante la cocción, y con una espátula se van despegando los bordes. Cuando la base toma firmeza, después de unos cinco minutos, se da vuelta la tortilla con ayuda de un plato y se completa la cocción del otro lado, eligiendo el punto final según el gusto de cada comensal: más jugosa en el centro o bien firme hasta el borde.

La elección entre los tres métodos depende entonces de qué atributo se priorice: el horno aporta un tostado parejo y un sabor cercano al de la fritura, el microondas privilegia la velocidad en la cocina diaria y el vapor conserva la humedad original del tubérculo, con un acabado más cremoso tras el salteado final. En los tres casos, el salto calórico respecto de la fritura profunda es notorio, ya que el aceite deja de ser el medio de cocción y pasa a ser apenas un condimento.

HM
Hernán MillaloncoAmbiente y mar

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