Tres horas en una camioneta turca: el policial que se niega a correr
Nuri Bilge Ceylan convierte la búsqueda de un cadáver en unaRoad Movie nocturna por las estepas de Anatolia. Casi sin trama, pero con demasiado aire cargado. Está en Filmin y pide paciencia.

Acá va uno de esos avisos que tengo que tirarles igual que tira el verdulero cuando llega el cajón de bananas maduras: ojo, esta película no es para todos. Ni siquiera para muchos. Érase una vez en Anatolia es un policial turco de dos horas y media en el que, básicamente, un grupo de policías sale a buscar un muerto enterrado en medio de la nada. Y ya. No hay más. Pero claro, si fuera solo eso, no estaríamos hablando.
La premisa es ridículamente sencilla: un fiscal, un médico forense y varios efectivos llevan al asesino y a su cómplice de noche por las estepas turcas, porque los sospechosos estaban tan borrachos cuando escondieron el cuerpo que no recuerdan dónde carajo quedó. Lo que empieza como una búsqueda se convierte en otra cosa, y ahí es donde aparece la mano de Nuri Bilge Ceylan.
Un ritmo que incomoda
El director, que ya es costumbre en estas páginas por sus tiempos largos y su ojo de mosca sobre la gente común, lleva acá su sello hasta un punto que a más de uno le va a explotar la cabeza. Las conversaciones que llenan el viaje parecen basura: hablan de fútbol, del estado de la ruta, de la suegra de uno. Pero a medida que avanza la noche, esas palabras triviales empiezan a pesar como mochilas llenas de piedras. Los personajes cuentan cosas, se distraen, dudan, y la oscuridad del campo turco funciona menos como decorado y más como estado de ánimo.
(A veces me pasa que miro el reloj cada veinte minutos cuando una película dura más de dos horas. Con esta miré el reloj una sola vez, y fue para comprobar que no me había dormido: estaba tan metida en esa camioneta que parecía que el asfalto de Anatolia estaba entrando por la pantalla.)
- La película ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes.
- Está disponible en la plataforma de streaming Filmin.
- Es una de las obras centrales del cine turco contemporáneo.
- No esperes persecuciones, tiros ni villanos con sombrero. Acá el crimen es contexto, no centro.
Angustia de oficina
Lo que Ceylan construye no es el suspenso clásico de Hollywood. Es algo más parecido al agotamiento existencial de un lunes a las once de la noche, cuando ya te da lo mismo la reunión que viene que la factura que vence mañana. Son personas que conviven todos los santos días con la muerte, que la cargan como un informe más en la bandeja de entrada, y que de tanto verla van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí. Eso, ejecutado con paciencia de relojero, es lo que hace que la película te quede dando vueltas días después.
Si lo tuyo es el policial que te pega un latigazo cada diez minutos, este no es tu VHS. Pero si te banco las dos horas y media en una camioneta llena de tipos cansados buscando un cuerpo que no aparece, te va a dejar pensando más que cualquier thriller con giro final incluido. Mi recomendación, sin ironía esta vez: busquenla en Filmin, pónganle play un domingo a la noche, con un té al lado, y déjense llevar. Después me cuentan.
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