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Un cheesecake con alma de crème brûlée: la técnica del baño maría y la costra sopleteada que redefine el postre clásico

La fusión de dos iconos de la pastelería occidental se concreta en un pastel cremoso con base de galleta, cocción controlada en baño maría y un acabado caramelizado que exige soplete. El reposo nocturno en heladera y la elección de la fruta o el helado de acompañamiento completan la receta.

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Hernán MillaloncoAmbiente y mar · 28 DE AGO DE 2026 · 2 min de lectura

El cruce entre el cheesecake y la crème brûlée da como resultado un pastel de textura densa y aterciopelada, sostenido sobre una base crujiente de galleta triturada con mantequilla y una pizca de sal, y coronado por una capa caramelizada que se obtiene únicamente con la aplicación directa de llama. La preparación, que se cocina en horno a 160 grados centígrados durante una hora y cuarto, requiere molde desmontable de unos 20 centímetros de diámetro y un reposo mínimo de doce horas en heladera antes de recibir el azúcar impalpable que, tras el soplete, se transforma en la costra característica.

La base y el relleno: dos etapas previas al horno

La estructura del postre se inicia con una base de galleta mezclada con mantequilla derretida y sal, que se prensa sobre el molde desmontable cubriendo fondo y paredes. Mientras esa corteza se reserva en frío, se trabaja el relleno a partir de queso crema a temperatura ambiente, al que se incorporan azúcar, huevos enteros, yemas adicionales, crema de leche, esencia de vainilla y una proporción reducida de harina. La integración debe ser homogénea, sin incorporación excesiva de aire, antes de volcar la mezcla sobre la base ya armada.

  • Base: galleta triturada, mantequilla derretida y pizca de sal, prensada en molde de 20 centímetros.
  • Relleno: queso crema, azúcar, huevos, yemas, crema de leche, vainilla y una pequeña cantidad de harina.
  • Cocción: horno a 160 grados, baño maría con agua hasta la mitad del molde, cubierta de papel aluminio.
  • Enfriamiento: horno apagado con la puerta entreabierta y, luego, heladera por toda la noche.
  • Acabado: capa fina de azúcar impalpable caramelizada con soplete de cocina.

La cocción en baño maría y el enfriamiento gradual

El baño maría cumple una función técnica precisa: amortigua la temperatura del horno y genera un ambiente húmedo que evita el agrietamiento de la superficie y la sobrecoción del centro. El molde, envuelto en papel aluminio para impedir filtraciones, se apoya dentro de una asadera con agua hirviente hasta la mitad de su altura. Cumplida la hora y cuarto, el horno se apaga y se deja la puerta entreabierta para que el descenso térmico sea lento. Recién entonces la pieza pasa a la heladera, donde completa su textura definitiva durante una noche entera.

El último paso es también el que define la identidad del postre: una capa fina de azúcar impalpable esparcida sobre la superficie y caramelizada con soplete de cocina hasta lograr una costra vítrea y quebradiza, idéntica a la del clásico francés. Sin soplete, la cubierta no puede conseguirse, dado que el horno no concentra el calor necesario para fundir y tostar el azúcar de manera localizada. Frambuesas, arándanos o una bocha de helado de vainilla aparecen como los acompañamientos más habituales, elegidos para contrastar el dulzor tostado con acidez o frío.

“¿Lo prepararías para una celebración o te animarías a hacerlo en cualquier fin de semana sin ocasión especial?”Redacción
HM
Hernán MillaloncoAmbiente y mar

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