Un tobillo roto a diez kilómetros del muelle: la tarde en que el lago volvió a ser camino de regreso
Un visitante se lesionó en el sendero al Bosque de los Arrayanes, en la península de Quetrihué, y terminó siendo evacuado en lancha por el Nahuel Huapi. La crónica de un operativo que volvió a poner sobre la mesa los cuidados que exige un clásico de la Patagonia.

Llegué a Villa La Angostura con esa luz de las tres de la tarde que en la Patagonia parece no querer irse nunca, aunque el reloj diga otra cosa. En el puerto de Bahía Mansa todavía quedaban guardaparques conversando en voz baja y un par de lanchas Prefectura con los motores tibios, recién apagados. El espejo del Nahuel Huapi estaba liso, como si el lago hubiera decidido cooperar con la tarea que acababa de terminar ahí mismo, casi en silencio. Minutos antes, ese mismo agua había sido la salida de emergencia para un turista que no podía dar un paso más.
La historia me la empezó a contar Nicolás, uno de los guardaparques que conozco de otras coberturas, mientras acomodaba unos binoculares en la oficina del ingreso al Parque Nacional Nahuel Huapi. Me dijo que el alerta había caído alrededor de las 15:30 del sábado. Un hombre que estaba haciendo el trekking al Bosque de los Arrayanes, en la península de Quetrihué, se había torcido el tobillo derecho y no podía seguir. Lo que más le había complicado la situación era el número: estaba más o menos en el kilómetro 10 del recorrido, demasiado lejos del acceso terrestre como para pensar en una salida a pie y demasiado lejos del muelle como para improvisar nada.
El lago como camino de regreso
Cuando el terreno no te deja volver, el Nahuel Huapi aparece como la mano más generosa del mapa. Eso me repetía Nicolás mientras me describía el operativo: por la distancia y por las características del sendero, lleno de raíces, piedras y tramos irregulares, la decisión fue evacuar al visitante por agua. Participaron efectivos de Prefectura Naval Argentina, personal de Parques Nacionales, integrantes del Grupo de Rescate de Villa La Angostura y agentes de la Dirección de Fauna, cada uno con un rol distinto dentro de un mismo dispositivo.
Los rescatistas llegaron hasta el punto donde estaba el hombre, le dieron la primera asistencia y prepararon el traslado. De ahí, lancha adentro. Recorrieron el brazo de lago hasta el puerto de Bahía Mansa, donde una ambulancia esperaba para llevarlo al hospital local y hacer los estudios correspondientes. Nicolás me confirmó que todo terminó cerca de las 17, sin complicaciones, y que la sensación generalizada entre los que habían trabajado era de alivio: una hora y media de operativo, un paciente estable y un operativo que cerró como debía cerrar.
Doce kilómetros que no perdonan distraídos
El sendero al Bosque de los Arrayanes es uno de esos clásicos que uno recomienda todo el año, pero que también obliga a tener los pies bien puestos sobre la tierra antes de empezarlo. Son aproximadamente doce kilómetros entre el sector de Bahía Mansa y el área del bosque, pasando por el istmo que conecta la península de Quetrihué con el resto del mapa. El camino tiene esa belleza engañosa de la Patagonia: árboles centenarios, vistas al lago, silencio, y al mismo tiempo raíces cruzadas, piedras sueltas y desniveles que, si no se los lee con respeto, te dejan a diez kilómetros de cualquier ayuda.
La Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi viene repitiendo hace rato una serie de recomendaciones que, vistas en frío, parecen de manual, pero que en la montaña dejan de ser optativas. La primera es usar calzado adecuado, con suela firme y tobillo sostenido, nada de zapatillas urbanas. La segunda es evaluar la condición física antes de partir, sin sobreestimarse. Y la tercera, tan importante como las anteriores, es planificar los tiempos de marcha en función de las horas de luz, porque en esta parte del mundo el día se acorta rápido y la oscuridad cambia cualquier cálculo.
El Registro de Trekking, ese papel que salva
Hay un dato que a mí me parece clave y que muchas veces queda afuera de la conversación: el Registro de Trekking es obligatorio para entrar al circuito. No es un trámite caprichoso ni un papel más para juntar en la mochila. Es la herramienta que permite que, si algo como lo del sábado vuelve a pasar, los equipos de rescate sepan dónde mirar primero y puedan coordinar la asistencia con mayor rapidez. En un sendero de doce kilómetros con varios puntos ciegos, esa diferencia entre tener el registro completo y no tenerlo se mide en horas, y a veces en algo más que horas.
Desde la intendencia me reconocieron que en los últimos días se habían registrado varias intervenciones vinculadas a visitantes que subestimaron las exigencias del recorrido. La frase, dicha por un guardaparque, no tiene tono de reproche sino de advertencia tranquila, de esas que se repiten porque la evidencia las sigue respaldando. A veces uno escucha estos partes y piensa que le están hablando a otro, al que va en ojotas, al que sale a las cuatro de la tarde. Pero lo del sábado demuestra que con un paso mal puesto, a cualquiera le puede tocar.
Cuatro cosas para no terminar en lancha
- Llevar calzado de trekking con buen agarre y tobillo firme, y dejarlo puesto de verdad durante todo el recorrido.
- Completar el Registro de Trekking antes de salir, con datos reales y horario estimado de regreso.
- Calcular los tiempos de marcha según la luz del día y, si se va tarde, evaluar seriamente la opción de volver.
- Avisar siempre a alguien del plan: por dónde se entra, por dónde se sale y a qué hora se piensa estar de vuelta.
Me fui del puerto con la imagen todavía fresca: el Nahuel Huapi liso, las lanchas de Prefectura ya, y un hombre que en algún hospital de Villa La Angostura seguramente estaba pensando cuántas veces se le cruzó la idea de hacer ese trekking. Mi consejo, el de siempre, es el más simple: tratá a la montaña con la misma seriedad con la que te trata ella cuando algo sale mal. Porque cuando el tobillo dice basta, no hay paisaje que alcance para compensar la molestia de estar a diez kilómetros del muelle y necesitando una lancha para volver.
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