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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una casa, un incendio y seis camiones: el operativo que Neuquén despliega cuando la basura se vuelve un riesgo

Tras un incendio en San Lorenzo Norte, el municipio retiró residuos acumulados durante años y abrió la puerta a un servicio poco conocido: la asistencia gratuita para familias que no pueden limpiar su propio hogar. El primer paso es una llamada al 147.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Una casa, un incendio y seis camiones: el operativo que Neuquén despliega cuando la basura se vuelve un riesgo

Llegué a San Lorenzo Norte una mañana cualquiera y todavía se sentía en el aire ese olor dulzón que deja un incendio reciente. En la esquina, un grupo de vecinos conversaba en voz baja, como cuando una cuadra entera procesa algo que le pasó a uno de los suyos. La casa incendiada ya no estaba, pero en el lugar quedaban los vecinos que ayudaron a mover lo que quedó y los municipales que terminaron de llevarse lo que no se pudo salvar. Ahí entendí que esta historia no empezaba con un camión de basura, sino con una familia que durante años no pudo —o no supo— pedir ayuda.

El episodio que me llevó hasta el barrio es la punta visible de un problema más silencioso que la Municipalidad de Neuquén viene atendiendo con un operativo específico: el retiro de residuos y objetos acumulados en viviendas cuyos dueños no tienen cómo hacerse cargo. La intervención se hace con personal, vehículos y contenedores del municipio, y todo lo que se levanta termina en el Complejo Ambiental de la meseta, donde se completa el circuito de tratamiento.

Cómo se pide el servicio y qué hay que pasar

  • Llamar a la línea 147, el teléfono municipal de atención al vecino.
  • Acercarse a la comisión vecinal del barrio y plantear la situación.
  • Pedirle a un familiar directo de quien habita la casa que gestione el pedido por los canales anteriores.
  • Esperar la visita de los equipos y firmar la autorización de ingreso: sin ese permiso del propietario, el operativo no avanza.

El dato no es menor y me lo dejó bien claro el subsecretario de Medio Ambiente, Cristian Haspert: muchas veces el municipio se entera de estos casos por el entorno, cuando un vecino, un familiar o la comisión vecinal levanta el teléfono porque ve que la situación ya supera a la familia. A partir de ahí empieza un trabajo que es tanto logístico como humano, porque el primer paso no es mandar los camiones, sino sentarse a conversar con el dueño para que acepte la ayuda. Haspert reconoció que hubo presentaciones en las que no se pudo avanzar porque el propietario nunca firmó ese consentimiento, incluso cuando el riesgo era evidente.

Eso fue precisamente lo que pasó en San Lorenzo Norte. Un incendio desatado durante la madrugada destruyó la vivienda, y lo que se encendió tan rápido fue la enorme cantidad de madera que, con el correr de los años, se había ido acumulando sobre los techos. Una vez que el fuego pasó y la familia dio el OK, el municipio entró con todo: vecinos, allegados y personal municipal trabajaron juntos y, según el detalle que dio el funcionario, ya se cargaron seis camiones de residuos y una caja de 20 metros cúbicos. Entre los objetos sacados había electrodomésticos, bicicletas, calzado y maderas de gran tamaño, una mezcla que dibuja cómo se fue llenando esa casa con el paso del tiempo.

La Comisión Vecinal de San Lorenzo Norte fue la que comunicó lo ocurrido y la que colaboró con los damnificados para ordenar la asistencia de los primeros días, un recordatorio de que, en estos casos, la trama barrial suele activarse antes que cualquier formulario. Haspert insistió en que esa cantidad de material combustible no solo comprometía a quienes vivían adentro: ponía en riesgo a las casas linderas, donde el fuego podría haber saltado de techo en techo. Por eso, dijo, no se trata solo de una cuestión de higiene urbana sino de prevención concreta.

Mientras recorría la cuadra, Marta, vecina del lugar de 54 años, me decía con esa mezcla de alivio y resignación que tienen los que vienen siguiendo el tema de cerca: "Yo a esa casa la conozco de toda la vida, y lo que había adentro era triste, era una vida entera guardada en un pasillo. Ahora por lo menos sabemos que se puede pedir una mano, y eso no es poca cosa". Esa frase me quedó sonando de vuelta a la redacción, porque condensa lo que muchas veces se pierde en los operativos: detrás de cada camión lleno hay una historia familiar que el Estado está empezando a leer, aunque sea tarde.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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