Una investigación británica reabre el debate: adelgazar con bisturí también puede abrir la puerta a la maternidad
Un estudio publicado en Obesity Surgery siguió a 84 mujeres operadas y comprobó que, tras perder más de 30 kilos en promedio, se regularon las reglas, bajaron los casos de ovario poliquístico y varias pudieron cursar embarazos sin mayores sobresaltos.

Lo confieso de entrada: cuando me topé con este paper me quedé pensando en las miles de mujeres que escuchan la palabra infertilidad como si fuera un veredicto y, sin embargo, pocas veces un médico les menciona que el bisturí podría ser una llave para abrir esa puerta. La cirugía bariátrica, esa intervención que durante décadas asociamos casi exclusivamente con la balanza, aparece ahora en el centro de una conversación enorme: la de la fertilidad. Y no como una promesa de calendario ni de marketing de redes, sino con datos concretos recién publicados el 7 de septiembre en la revista Obesity Surgery.
Lo que midió el estudio y por qué importa
El equipo de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, se propuso una pregunta sencilla en apariencia: ¿qué pasa con la salud reproductiva de una mujer con kilos de más cuando logra bajarlos de verdad? Para responderla, comparó a 84 mujeres con obesidad que pasaron por el quirófano con otras 18 que, por distintas razones, no lo hicieron. Las primeras perdieron, en promedio, más de 30 kilogramos. Y ahí empezó lo interesante, porque la balanza fue apenas el punto de partida de un cambio mucho más profundo en su organismo.
Entre las operadas, los ciclos menstruales se regularizaron de manera significativa, las hormonas dejaron de hacer de las suyas y hubo un dato que me llamó la atención por lo contundente: nueve de cada diez mujeres que presentaban síndrome de ovario poliquístico dejaron de reunir los criterios clínicos para ser diagnosticadas con esa condición a los dos años de la cirugía. Para quien no convive con el tema, quizás el número no diga demasiado; para quienes llevan años lidiando con reglas que aparecen cuando quieren, con análisis hormonales alterados y con la frustración de no quedar embarazadas, esos guarismos son una caricia al alma.
“Los niveles hormonales desregulados, las reglas irregulares y condiciones como los ovarios poliquísticos se ven afectados por la obesidad. Al reducir esto, lo que hemos visto es que puede conducir a mejoras sin necesidad de medicación.”Kathryn Hart, profesora asociada de nutrición y dietética en la Universidad de Surrey
- 84 mujeres con obesity operadas fueron comparadas con 18 que no pasaron por el quirófano.
- La pérdida promedio de peso superó los 30 kilogramos en el grupo intervenido.
- Los ciclos menstruales se regularizaron y los niveles hormonales se estabilizaron tras la cirugía.
- Nueve de cada diez pacientes con síndrome de ovario poliquístico dejaron de cumplir criterios diagnósticos a los dos años.
- Diecisiete mujeres operadas cursaron embarazos saludables después de la intervención.
Los límites que los propios investigadores reconocen
Ahora bien, sería injusto vender esto como una solución mágica. La propia Hart aclara que la muestra es chica y que el grupo de control es reducido, lo que impide por ahora cambiar las guías clínicas de un plumazo. Falta evidencia más robusta, falta seguir a esas mujeres durante más años y falta entender qué pasa con quienes no logran perder peso después de la operación o con aquellas cuya fertilidad ya estaba dañada por otros motivos. La ciencia, como repito siempre que puedo, avanza con prudencia, y este estudio es apenas una pieza más en un rompecabezas enorme.
Dicho esto, el planteo de fondo me parece de esos que incomodan a medio mundo médico y por eso vale la pena: si la obesidad puede alterar las reglas, las hormonas y la capacidad de ovular, ¿por qué seguimos tratando la infertilidad como un problema aislado y no como una más de las consecuencias posibles de un cuerpo que carga con muchos kilos de más? Hart lo dice sin rodeos: los profesionales deberían empezar a considerar la cirugía bariátrica también como una vía para tratar irregularidades menstruales y dificultades para concebir, y no meramente como una herramienta cosmética o de descenso de peso. La frase, lanzada desde una universidad británica, resuena bastante del lado de acá del Atlántico, donde la discusión sobre el acceso a estas intervenciones y su cobertura sigue siendo un tema espinoso.
Mientras las sociedades científicas debaten, hay algo que este trabajo devuelve y que vale la pena no perder de vista: para Ana, de 38 años, que sueña con ser madre y arrastra hace años reglas caprichosas y un diagnóstico de ovario poliquístico, saber que el cuerpo puede reacomodarse de manera tan profunda no es un dato académico menor. Es, literalmente, una luz al fondo del camino. Y aunque cada caso sea único y merezca un abordaje personalizado, el mensaje de fondo es potente: bajar de peso, cuando se logra de manera sostenida, no solo mejora el corazón y las rodillas; también puede mejorar las chances de traer una vida al mundo. Contame qué pensás vos sobre este cruce entre balanza, hormonas y maternidad: ¿te imaginabas que la cirugía pudiera tener un impacto tan directo en la fertilidad?
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