Una maestra, seis hermanos y un embarazo inesperado: la familia que María Laura armó con time out y a fuerza de abrazos
Conocía a dos de los chicos en la escuela, se anotó para adoptarlos igual aunque no tenía lugar y hasta se había separado. Cuando le dieron la guarda, vino la noticia que nadie vio venir. Hoy son nueve en la casa.

María Laura tenía 38 años, vivía en un departamento chico del conurbano bonaerense y daba clases en una escuela primaria cuando se le cruzó una idea que en ese momento le parecía casi imposible: anotarse en un registro para adoptar a seis hermanos que ella misma conocía del aula. A mí me lo contó una tarde, mientras acomodaba milanesas para la cena, con la misma naturalidad con la que hablaba del colectivo que tomó para llegar al juzgado la primera vez. Tiene hoy 40 años, siete hijos y una familia que ella siempre describe con la misma frase: la familia que siempre esperé.
La historia empieza en el aula y termina, por ahora, en un-living-comedor lleno de mochilas. María Laura es maestra y en la escuela donde trabajaba tenía a dos de los seis hermanos como alumnos. Los otros cuatro iban a otra escuela, pero ella los conocía igual, porque los visitaba seguido en el hogar donde vivían institucionalizados desde hacía cinco años. Ahí fue entendiendo algo que después le cambió la vida: esos seis pibes formaban un bloque muy sólido, con la más grande como referente, y no tenían ninguna intención de separarse.
El proceso: del "no me animo" al "te elegimos como mamá"
Cuando arrancó los trámites, María Laura no estaba del todo segura. En su pareja, con quien convivía en ese entonces,apareció la duda razonable de cómo sostener económicamente a seis chicos en un departamento pensado para dos. Y los propios chicos, del otro lado,tampoco querían ser adoptados de arranque. Ella tampoco se sentía lista para dar el paso definitivo. La figura que funcionó para todos fue la de referente afectivo, un rol intermedio que en Argentina se usa para que adultos y chicos se prueben antes de un compromiso legal. Cuando desde el juzgado le preguntaron si quería quedarse con uno solo, con los gemelos o con los mellizos, la respuesta de María Laura fue corta y la recuerdo textual porque me la dijo mirándome fijo: Quiero estar con los seis.
“La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco.”María Laura
La pareja se separó un tiempo y María Laura siguió adelante con los papeles sola. El punto de inflexión llegó en un recreo, en la propia escuela. Algunos de los chicos se acercaron, le hablaron como si lo hubieran pensado en equipo y le soltaron la frase que cambió todo: Te elegimos para ser nuestra mamá. Desde ese día los trámites se reorientaron hacia la convivencia y, más adelante, hacia la adopción plena.
Lo que vino después fue la revinculación con su pareja, que volvió a la casa y hoy ocupa el rol de padre en la familia, y una sorpresa que nadie tenía en el radar. Poco después de obtener la guarda, María Laura se hizo un test de embarazo y dio positivo. Lo más impactante, lo que a mí me sigue dando vueltas, es cómo se enteró: uno de los gemelos, que tiene 13 años, le besó la panza antes de que ella supiera que estaba embarazada y dijo hola, bebé. Esa frase quedó flotando en la cocina como un presagio y se transformó en el apodo del proyecto más chico de la familia.
La familia de hoy: nueve en la mesa, varios pañales y una ONG
En la casa de María Laura hoy conviven nueve personas: siete hijos, una pareja que volvió y una rutina que incluye pañales, tareas, cumpleaños del secundario y prácticas de Abogacía, todo al mismo tiempo. Los más grandes cuidan a Nahitan con entusiasmo, sobre todo los mellizos de 16, que se turnan para darle la mamadera mientras María Laura termina de leerles a los gemelos. Los cuatro más grandes asisten a una escuela técnica de la zona y Zaira está terminando el colegio, con la idea de empezar a estudiar el año que viene.
María Laura forma parte de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, una organización que trabaja contra la idea instalada de que los chicos más grandes no son adoptados porque nadie los quiere. Ella lo explica así y se le quiebra un poquito la voz: Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida. Cierro la nota como la empecé: con su frase y con su casa llena. Antes de irme le pregunté qué le diría a alguien que está pensando en anotarse y me respondió casi sin pensar: que se anime, que los pibes grandes eligen, y que cuando te eligen, no hay nada más fuerte.
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