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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una huerta que se deja mirar desde la ventana: la apuesta de septiembre para mezclar lo ornamental y lo que se lleva al plato

El mes abre la puerta a sembrar y plantar, pero antes de meter las manos en la tierra conviene pensar el diseño: cuánto crece cada especie, dónde cae el sol y qué se quiere ocultar. La combinación de plantas perennes con cultivos de temporada ordena el espacio y permite renovar parte de la vegetación sin perder la estética del jardín.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Una huerta que se deja mirar desde la ventana: la apuesta de septiembre para mezclar lo ornamental y lo que se lleva al plato

Llegué a la casa de Mabel un martes a media mañana, con ese sol de septiembre que todavía no quema pero ya empieza a hacer sombra corta en las paredes. Me abrió la puerta con un delantal manchado de tierra y me dijo, casi sin saludarme: 'Vení, quiero que veas cómo me quedó el cantero de adelante'. Lo que vi no fue un cantero clásico ni una huerta ordenada en filas: fue una mezcla de romero, tomillo y un laurel comestible que ya le tapaba la vista del medidor de gas, con tres macetas de albahaca recién trasplantadas y un alambrado del que colgaban unas flores anaranjadas que después supe que eran taco de reina. 'Antes tenía el frente pelado y feo -me contó mientras regaba-. Ahora cosecho y, cuando me aburro, cambio todo.'

Pensar el espacio antes de sembrar

Antes de elegir qué sembrar en septiembre, Mabel lo tuvo claro: había que decidir cómo se iba a usar el terreno. Una huerta puede compartir el suelo con las plantas ornamentales y, al mismo tiempo, formar parte de la vista desde la ventana. Para que la combinación funcione, el diseño tiene que contemplar tanto la cosecha como el tamaño que alcanzará cada especie y los sectores que van a quedar libres para conectar las distintas áreas. Lo que parece un detalle estético es, en los hechos, una decisión de planificación.

Una manera práctica de organizarse, según me explicó mientras me mostraba los plantines que había comprado el fin de semana, es mezclar vegetación que se queda varios años con cultivos que se renuevan estación tras estación. El romero, el tomillo, el orégano y el laurel comestible pueden darle continuidad al conjunto. Entre las opciones de siembra de septiembre aparecen el tomate, la albahaca, la berenjena, la lechuga y el pepino. La posibilidad de incorporar semillas o plantines permite armar el espacio con las dos alternativas, algo que viene bien cuando uno quiere ir viendo cómo reacciona el suelo.

Cuidado con lo que se tira: todo el jardín se vuelve comestible

'Acá lo que va al romero va a la lechuga', me dijo Mabel mientras me mostraba la etiqueta de un producto que había comprado en el vivero. Y tiene lógica: si en el mismo metro cuadrado conviven plantas para mirar y plantas para comer, los fitosanitarios que se usen en cualquier parte del sector tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se apliquen sobre las ornamentales. Es un detalle que muchos pasan por alto y que puede arruinar una temporada entera de cosecha.

Cuando me fui de la casa de Mabel, ya pasado el mediodía, la vi volver al cantero con una libreta chica. 'Anoto lo que planto y lo que sale bien -me gritó desde la puerta-. El año que viene quiero meter frutillas, pero primero tengo que pensar dónde pongo la red para los pájaros.' Ahí entendí lo que me había querido mostrar desde el principio: una huerta que convive con el jardín no se improvisa en una tarde de sábado, se diseña con la misma paciencia con la que se mira crecer un laurel.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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