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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una mano por una cama: la propuesta que invita a vivir Villa La Angostura a cambio de 25 horas semanales

Un proyecto de permacultura y bioconstrucción en la localidad neuquina ofrece alojamiento compartido, desayuno, lavandería y bicicletas a quienes colaboren en tareas de construcción, jardinería y mantenimiento. Cómo anotarse, qué cubre el acuerdo y qué gastos quedan afuera.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Una mano por una cama: la propuesta que invita a vivir Villa La Angostura a cambio de 25 horas semanales

Camino por la ruta que bordea el lago Nahuel Huapi y me cruzo con Marcos, un porteño de 52 años que lleva tres veranos seguidos escapando de la city para probar algo distinto. Esta vez, me cuenta mientras acomoda la mochila, no va a pagar hotel: se va a instalar en una casa de Villa La Angostura donde le ofrecen una cama, el desayuno y dos jornadas libres por semana a cambio de 25 horas de. Perdón, de voluntariado, en tareas de construcción, jardinería y mantenimiento. La escena me quedó dando vueltas varios días, porque resume una movida que crece en la Argentina postpandemia: intercambiar trabajo temporario por alojamiento en destinos soñados.

De qué se trata la propuesta

La convocatoria llega desde un proyecto de permacultura y bioconstrucción radicado en la localidad neuquina de Villa La Angostura, y se canaliza a través de la plataforma Worldpackers, una de las más conocidas a nivel global para este tipo de intercambios. La idea es simple y a la vez potente: quien se sume recibe hospedaje, comida por la mañana, uso de lavandería y bicicletas para moverse por la zona, y a cambio dedica 25 horas semanales a colaborar con el funcionamiento y las mejoras del lugar. El anfitrión, según detalla la propia publicación, acumula 15 años de experiencia recibiendo voluntarios, lo que da cierto respaldo a quien se anime a probarlo.

Qué tareas hay que hacer y cómo se reparten

Las 25 horas semanales no se concentran en un solo día ni en un solo bloque: la idea es que la dedicación se distribuya a lo largo de la semana, mezclando jornadas de labor con tiempos libres. Las actividades que figuran en la convocatoria son variadas y van cambiando según el momento del año. Se mencionan tareas de pintura, decoración, construcción y reparaciones, además de jardinería y mantenimiento general del lugar, siempre dentro del perfil de un proyecto que combina la permacultura, es decir el diseño de sistemas que imitan los ecosistemas naturales, con la bioconstrucción, una forma de edificar que utiliza materiales de bajo impacto ambiental como barro, madera y paja. Para alguien acostumbrado a la oficina, es una oportunidad de aprender oficios con las manos y volver al cuerpo.

“Yo necesito moverme, sentir que lo que hago queda a la vista. Acá, en cambio, me relajo y a la vez ayudo a que este lugar siga creciendo.”Marcos, 52 años

Requisitos, tiempos y gastos que quedan afuera

Antes de ilusionarse con las bicicletas y el desayuno, conviene leer la letra chica. Para postularse hay que crear un perfil en Worldpackers y enviar la solicitud al anfitrión, con una permanencia mínima prevista de 14 noches, que es la unidad más chica de estadía que acepta el proyecto. Pueden anotarse personas que viajen solas, parejas o grupos de amigos, siempre que tengan un conocimiento básico de español, porque la convivencia y la organización del trabajo se manejan en castellano. La convocatoria contempla distintos meses del año, aunque los cupos dependen del período elegido, de las necesidades del proyecto y de la cantidad de postulantes que haya en ese momento.

Lo que la plataforma no cubre también merece una mirada detallada. Los pasajes hasta Villa La Angostura, los traslados internos una vez en el pueblo, la documentación personal y cualquier gasto que no esté expresamente incluido en el listado de beneficios corren por cuenta del voluntario. Esto significa que, aunque el alojamiento y el desayuno estén resueltos, igual hace falta contar con un colchón de plata para el transporte, las comidas del mediodía y la noche, los paseos y los trámites personales. En otras palabras, no es un viaje gratis, sino un intercambio que abarata buena parte de los costos fijos y que, a cambio, pide tiempo y esfuerzo.

Cierro la nota como la empecé, pensando en Marcos. Lo imagino llegando a la casa de permacultura con su mochila al hombro, presentándose en español básico frente al resto del grupo, acomodando sus cosas en el dormitorio compartido y saliendo al día siguiente con una bicicleta prestada a recorrer la costanera del lago. No sé si esta vez se va a animar, pero algo de razón tiene: hay maneras de viajar que no pasan por la tarjeta de crédito, sino por estar dispuesto a meter las manos en la tierra y a cambio recibir, como él dice, algo más que una cama: un lugar en el mundo.

CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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