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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Veinticinco años después, "La momia" sigue siendo la aventura que Hollywood jamás pudo repetir

Brendan Fraser, Rachel Weisz y un sacerdote vengativo en sandalias: revisitamos la película de 1999 que reabrió el género de monstruos en la era del blockbuster digital y le dio a Sommers una trilogía que el cine todavía recuerda.

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Malena SturzeneggerCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Veinticinco años después, "La momia" sigue siendo la aventura que Hollywood jamás pudo repetir

Digamos lo que nadie se anima a decir en voz alta: la mejor película de monstruos de los últimos treinta años es una comedia romántica con momias, arena hasta las rodillas y un tipo que carga un libro como si fuera una Biblia familiar. Veinticinco años no son gratis, pero la cinta que Stephen Sommers estrenó en 1999 sigue ahí, intacta, resistiendo el paso del tiempo con la misma desfachatez con la que Brendan Fraser esquiva balas en un templo egipcio.

Un arqueólogo accidentado y una librera obsesiva

La historia arranca con una ironía deliciosa: Rick O'Connell, el héroe, es un soldado estadounidense más cerca de la derrota que del pedestal, y Evelyn Carnahan, la supuesta académica, pasa más tiempo peleando con una pluma que con un pistolón. Sommers los planta en Hamunaptra con la misma cara de póker con la que uno encara un asado un domingo a las tres de la tarde: saben que puede salir todo mal, pero van igual. Y cuando Imhotep despierta de su siesta de tres mil años, la expedición se transforma en una carrera contra el apocalipsis, con permiso de un romance que se cocina a fuego lento entre arena y maldiciones.

Fraser hace de Fraser: físico generoso, timing cómico de payaso de circo y esa sonrisa enorme que parece comprada en una juguetería. Weisz compone a una egiptóloga de ficción con la seriedad de un académico (perdón, con la seriedad de un manual universitario), lo que hace que cada chiste entre los dos funcione como un reloj. La química, ese intangible que el dinero no compra, aquí sobra.

  • Acción sin descanso pero con espacio para respirar entre las peleas
  • Horror de utilería, artesanal, sin abuso de efectos digitales
  • Un villano memorable, con capa y tendencia a susurrar promesas eternas
  • Un romance que se banca el ridículo de los noventa sin pedir disculpas
  • Humor físico que nunca subestima al espectador
“La propuesta de Sommers recupera al monstruo clásico de Universal dentro de una película orientada a la aventura. El terror forma parte de la trama, pero comparte espacio con las escenas de acción y el vínculo entre Rick y Evelyn.”Material de referencia sobre la película

El legado de la cinta fue inmediato. En 2001 llegó El regreso de la momia, que repitió fórmula con más presupuesto y un hijo rubio en pañales. En 2008, Sommers se bajó del proyecto y la saga cerró con La momia: La tumba del emperador Dragón, con Jet Li como antagonista y la misma plantilla de accidentes arqueológicos. La trilogía, atravesada por tumbas, maldiciones y declaraciones de amor bajo techo de dunas, configuró una trilogía que sigue siendo, a mi entender, el techo que Hollywood no supo volver a tocar en el subgénero de aventuras con monstruos.

La referencia inevitable es Indiana Jones, y Sommers no la esconde: la chaqueta, el sombrero (aunque acá lo carga Rachel Weisz), el hallazgo que se transforma en pesadilla, el romance con partenaire intelectual. Pero la diferencia está en la liviandad. Donde Spielberg construye épica, Sommers construye un parque de diversiones. Y eso, lejos de ser un demérito, es lo que la vuelve una película para repetir cada vez que uno necesita evadirse sin que le pidan el cerebro a cambio.

Si todavía no la viste, empezá por la primera entrega: es la que presenta a la pareja, establece las reglas del juego y contiene la mejor momia de la historia del cine. Si ya la viste, hacé lo que hago yo: buscala en cualquier pantalla disponible, apagá el teléfono y dejate llevar por dos horas de arena, biblias y besos a la luz de las antorchas. Una recomendación directa: popcorn, frazada, y a disfrutar como si el mundo no tuviera más amenazas que un sacerdote resentido y un esposo celoso. Funciona.

MS
Malena SturzeneggerCultura y espectáculos

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